Es curiosa la interpretación de las glorias, porque a algunos les basta confirmar que el triunfo en un partido de futbol ha sucedido, para encubrirse en ella. Otros prefieren el tumulto electoral para demostrar que han podido alcanzar cierta superioridad, esa que todos en algún punto necesitamos. Los hay muchos de unos y demasiados de los otros. Si me preguntan, me parece tan vacua justificación una como la otra, la diferencia es que en la primera el vacío del triunfo viene a encubrir un alcance de patriotismo que siempre es necesario, aunque igual de burdo; el otro, por consecuencia, viene a encubrir cierto aire de malicia. La parte sucia, nefasta que todos tenemos.