Es desdeñoso imaginar una sociedad carente de corrupción e intolerancia, es casi un mito ausente por completo de realidad imaginar nuestro mundo como una armonía coherente. Es irreal imaginarnos como hermanos entendiéndonos e intercambiando opiniones y dictámenes de juicio como si nos comprendiéramos a las mil maravillas. ¿A qué viene entonces esa oleada insaciable de optimismo que en forma de agrupaciones pretenden empujar ideologías para concientizar lo que no tiene conciencia, no tiene solución?. Mil pretextos se me vienen a la cabeza. Nos queda la esperanza, eso si, y de eso estamos construidos los seres humanos. La comparamos y la idealizamos, nos regodeamos en ella cada vez que se puede, como si nuestro objeto favorito fuera. De SOCIEDAD estamos hablando, y el problema no me parece que sea la definición, sino el concepto.