jueves, 24 de junio de 2010

Escenario vacío


Podría ser que nuestras decisiones estén controladas, dirigidas. Que las palabras que salen de nuestra boca sean pura prescripción médica, y que nos ahogamos en nuestro mar de incongruencia una vez que nos vemos reflejados en la política, la religión, en cada uno de los sobrantes civiles. Podemos inferir eso y algo más. Podemos decir que esa mano-que-mece-la-cuna lleva un nombre de cinco letras y recibe plegarias inmerecidas cada séptimo día ¿Y después qué? ¿Nos va a llevar a dormir? ¿Nos va a cuidar de nuestras propias imperfecciones? ¿Va a renombrar lo correcto e incorrecto? No lo creo. Posiblemente se burle de nosotros, si puede. Y puede.

El teatro éste parece llenarse de público cada vez con mayor frecuencia. Creciendo en audiencia y decreciendo de protagonistas. Lo cual es bueno, ideal. La multitud se pasa de un bando a otro, cruza el escenario para acomodarse en la butaca evadiendo el telón. Uno preferiría que la velocidad se multiplicase porque no hay tiempo que perder cuando se ha perdido todo lo demás. Y algunos desiertos de alma, desde la parte trasera, podemos todavía reírnos un poco más, porque el script, ése es hecho y revisado. Hasta pasado de moda.