Supongo que era miedo.
Ese tipo de situaciones me suceden cuando estoy frente a algo que no conozco. De inmediato sugiero que no es miedo, es emoción, pero entre una idea y otra, estoy casi convencido de que es lo primero. El respeto en esta cuestión también juega. Porque lo conozco desde hace años, sé de su grandeza y por supuesto que las referencias colaterales apuntaban, desde hace mucho tiempo, hacia algo grande, hacia una hazaña. En cuanto al contenido, tiene pasajes que remarcan la grandeza; ellos dejaron la deriva y finalmente quedaron en la medianía, entre la dulzura pop, sin alcanzarla, y ese fantástico encanto que sabe a enjuague autóctono que imprimían en sus anteriores publicaciones. Es el punto medio, la cumbre alta, la mejor distancia, el zenit.
No puedo arrepentirme de haber tardado en darle una oportunidad. Soy un creyente de que a cada quien le llega su momento, en el momento justo, y, sin comparaciones, hay que saber respetar eso, porque después la celebración es mucho más meritoria. Meritoria como lo es lo que escucho en este instante, que lo vale, que lo merece.
Reves/Yo Soy, es posiblemente la cumbre incomprensible del pop mexicano. Que no es mucho, pero tampoco es poco.