
La enfermedad, como todo, es relativa. Empiezo a convencerme de que hay más de ellas que las que hemos contado ya y de las que aparecen en los libros. Algunas van a seguir apareciendo para cumplir con su papel exterminador en las calles. Y nos lo merecemos. Existen algunos curanderos improvisados que aparecen a ratos para desearnos la mejor de las suertes. Cómicos involuntarios de la escena actual. Y si de pronto toman un micrófono y una guitarra para hacer olvidar, ¿quienes somos nosotros para hacerlos menos? Ya ellos se han encargado de eso. Mientras tanto, y con orgullo, seguimos enfermos.