
Fue el segundo de ellos. Fue el segundo de los mineros atrapados el que demostró en verdad el impulso contenido que llevaban todos dentro de sí. Un grito de júbilo expresado hacia la multitud y una multitud de abrazos repartidos entre el presidente sus jefes y sus familiares, que para todos hay. Eso y un poco más, fueron el símbolo de la libertad, y es ahí cuando me pregunto que sucede con nosotros, que frente a una pantalla reflejante, y no una roca impenetrable, nos aislamos cada vez más, olvidándonos del júbilo de salir y de vivir.
En mi vida y a mi generación no le tocó presenciar la llegada del hombre a la luna, y quizá esto no sea como aquello, pero en aproximaciones, la emoción que ésto trajo supongo se asemeja en algo. En emoción, al menos en eso si. Y también en atención, por eso mi interés y gusto.
Y lo de Mario Sepúlveda ahí queda. El segundo en salir, para quien opina que ser segundo es siempre perder.